¿Por qué algunas personas siguen sintiendo dolor aunque la lesión ya sanó?
Cuando nos golpeamos, nos quemamos o sufrimos una lesión, el dolor cumple una función clara: nos avisa que algo está dañado y nos ayuda a proteger esa zona mientras se recupera del todo. Pero en ocasiones sucede algo que es más difícil de entender. La herida cicatriza, los tejidos se recuperan y, sin embargo, el dolor continúa.
Eso no significa que la persona esté imaginando el dolor o que ya debería dejar de sentirlo. El dolor es una experiencia compleja en la que intervienen los tejidos, los nervios, la médula espinal y el cerebro. Para algunas personas, los sistemas que procesan estas señales pueden seguir funcionando de manera diferente aun después de que la lesión original haya sanado.1
Dolor agudo y dolor persistente no son lo mismo
Así como el dolor agudo suele aparecer ante una lesión, enfermedad o daño potencial y funciona como una señal de protección, el dolor crónico o persistente se define como el que continúa durante más de tres meses o más allá del tiempo esperado de recuperación. Puede estar relacionado con una enfermedad que sigue activa, con una lesión de los nervios o persistir incluso cuando el tejido que originó el problema ya se ha recuperado.2
Es por este motivo que resulta fundamental entender cuál es el mecanismo que produce el dolor que se extiende en el tiempo.
¿Cómo puede doler algo que ya sanó?
Lo primero a entender es que el sistema nervioso no funciona como un simple nexo que transmite información desde una lesión hasta el cerebro. Durante un episodio prolongado de dolor pueden producirse cambios en la manera en que el sistema nervioso procesa las señales.
Puede darse en algunos casos que las vías relacionadas con el dolor se vuelven más sensibles y pueden responder con mayor intensidad a estímulos que antes no resultaban dolorosos. A este fenómeno se lo llama sensibilización. Una manera de simplificar el concepto es pensarlo como si fuera una alarma. Al inicio, una alarma se activa porque realmente hay un incendio, pero después de mucho tiempo funcionando bien, puede ser que el sistema quede muy sensible y se active ante señales más pequeñas que no son efectivamente un incendio.3
La comparación es simplemente para entender un concepto clave: sentir dolor no siempre supone que exista un nuevo daño en los tejidos.
Cuando el dolor sigue siendo real
Una de las consecuencias más difíciles del dolor persistente es que muchas veces resulta invisible para quienes rodean a la persona. Cuando una radiografía o un estudio no muestra una lesión evidente, puede aparecer la idea de que “no debería doler”. Pero, la ausencia de daño visible no invalida la experiencia de dolor.
La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) reconoce que el dolor es una experiencia sensorial y emocional influida por factores biológicos, psicológicos y sociales, y que puede existir incluso cuando no hay un daño físico evidente que explique por completo.4
¿Cuándo consultar por dolor?
No todo dolor que dura algunos días se convierte en dolor crónico. Pero es recomendable realizar una consulta médica cuando el dolor:
- Persiste durante semanas o meses sin mejorar.
- Aumenta progresivamente.
- Interfiere con el sueño, el movimiento, el trabajo o las actividades diarias.
- Reaparece de forma frecuente.
- Se acompaña de pérdida de fuerza, alteraciones de sensibilidad u otros síntomas nuevos.
- Cambia de características sin una explicación clara.
Determinar cuándo consultar por dolor permite evaluar si existe una causa que necesita tratamiento y, cuando se trata de dolor persistente, identificar las estrategias más adecuadas para cada caso.5
Acompañar también forma parte del tratamiento
Vivir con dolor crónico puede afectar el descanso, el estado de ánimo, las relaciones y la capacidad de realizar actividades cotidianas.
Por eso, acompañar a alguien que tiene dolor implica también evitar minimizar lo que siente. Frases como “pero ya estás curado” o “los estudios dieron bien” pueden resultar frustrantes para una persona que continúa teniendo síntomas.
Escuchar, reconocer que el dolor existe y favorecer la búsqueda de atención profesional son formas concretas de acompañar. El dolor persistente merece evaluación, tratamiento y, sobre todo, ser tomado en serio.
Referencias Bibliográficas:
- https://magazine.medlineplus.gov/es/art%C3%ADculo/uy-eso-duele-la-ciencia-del-dolor
- https://medlineplus.gov/spanish/chronicpain.html
- https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11581984/
- https://www.iasp-pain.org/50_year_history/2020-present
- https://my.clevelandclinic.org/health/diseases/4798-chronic-pain